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| Cunca de caldo gallego |
El caldo gallego es mucho más que una sopa: es un abrazo caliente en los días fríos, un ritual de cocina lenta y memoria compartida. En este post, lo celebramos como se merece: con emoción, historia y sabor.
Hay platos que no se comen: se heredan. Se aprenden con los ojos, se huelen desde la infancia, se repiten cada invierno como un conjuro contra el frío. El caldo gallego es uno de ellos. No es solo una receta: es una forma de estar en el mundo, de resistir, de cuidar.
🌿 Origen humilde, corazón generoso
Nacido en la cocina campesina gallega, el caldo gallego fue durante siglos el sustento de quienes trabajaban la tierra. En una Galicia de inviernos largos y húmedos, hacía falta un plato calórico, nutritivo y reconfortante. Y así surgió esta sopa espesa, hecha con lo que había: grelos, patatas, alubias blancas, unto y, cuando se podía, algo de chorizo o lacón.
Cada casa tenía su versión. Algunas con berza, otras con nabizas, otras con más carne o sin ella. Pero todas compartían el mismo espíritu: aprovechar lo que daba la huerta y hacerlo con cariño.
🫓 Ingredientes con alma
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| Ingredientes de un caldo gallego |
• Grelos o nabizas: el alma verde del caldo, con su sabor ligeramente amargo.
• Patatas gallegas: harinosas, que se deshacen y espesan el caldo.
• Fabas: blancas, suaves, cocidas con mimo.
• Unto: esa grasa de cerdo curada que da al caldo su aroma inconfundible.
• Chorizo o lacón: opcionales, pero bienvenidos.
Todo se cuece a fuego lento, sin prisas. Porque el caldo gallego no se hace: se cría.
🏡 Más que comida: identidad
El caldo gallego no falta en las fiestas patronales, en las cocinas de aldea, ni en los menús del día de cualquier tasca con alma. Se sirve en cuncas o platos hondos, y se acompaña de pan de verdad, de ese que cruje por fuera y huele a horno de leña.
Es un plato que reúne generaciones, que se comparte en silencio o entre risas, que sabe a madre, a abuela, a hogar.
🌬 El antídoto contra el frío
Hay algo mágico en llegar a casa empapado de lluvia y que te esperen con un caldo gallego humeante. Es como si Galicia misma te abrazara. Como si el grelo, la patata y el unto supieran que necesitas calor, y te lo dieran sin pedir nada a cambio.
¿Y tú, cómo lo haces? ¿Con grelos frescos o en conserva? ¿Con chorizo o sin carne?
Sea como sea, el caldo gallego es nuestro. Y mientras haya una olla al fuego y alguien con ganas de compartir, seguirá vivo.