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| Playa fluvial de Tapia |
Hay lugares que no buscan llamar la atención. Lugares que simplemente están, como un gesto amable del paisaje. La playa fluvial de Tapia, en Ames, es uno de esos rincones donde el río Tambre baja despacio, casi en susurro, y uno siente que puede sentarse a escucharlo sin que nada lo reclame.
El área recreativa se abre entre praderas cuidadas y árboles que dan sombra generosa. El agua avanza con esa serenidad tan propia del Tambre, como si conociera de memoria el ritmo de quienes se acercan aquí a descansar. A un lado, un pequeño muíño recuerda que este río fue, durante siglos, parte de la vida cotidiana.
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| Molino en la playa fluvial de Tapia |
🏊♂️Zonas de baño para un verano tranquilo
La zona de baño está formada por una piscina natural en el propio río, delimitada y segura, perfecta para refrescarse en los días de calor. Muy cerca, una piscina infantil permite que los más pequeños disfruten sin sobresaltos. El agua es clara, fresca, y mantiene ese carácter amable que invita a quedarse un rato más.
Mesas de piedra, césped mullido, sombras amplias y un pequeño chiringuito estival crean un ambiente cómodo sin romper la armonía del entorno. En verano, la playa se llena de vida tranquila: familias que meriendan, lectores tumbados en la hierba, conversaciones suaves que se mezclan con el rumor del río.
🥾El Tambre como camino
Desde Tapia parten paseos cortos que siguen el curso del río. Son rutas sencillas, perfectas para caminar sin prisa, solo por el placer de sentir la humedad del bosque y el sonido del agua entre las piedras. El Club Ribeiras do Tambre mantiene viva la tradición del piragüismo, recordando que este río también es movimiento, aunque aquí prefiera mostrarse en calma.
🌲Un respiro cerca de Santiago
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| Playa fluvial de Tapia |
A pocos kilómetros de la ciudad, la playa fluvial de Tapia ofrece un respiro que parece más lejano de lo que realmente está. No es un lugar grandioso ni espectacular: es íntimo, acogedor, profundamente humano. Un rincón donde uno puede sentarse a la orilla, cerrar los ojos y dejar que el Tambre haga su trabajo silencioso.
La playa fluvial de Tapia es, en esencia, una invitación a bajar el ritmo. A escuchar. A recordar que la naturaleza también sabe ser hogar cuando la miramos sin prisa.
Quien se acerca a este rincón de Ames suele marcharse con la sensación de haber encontrado algo sencillo y valioso: un momento de paz.



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