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Las mil batallas que intentaron conquistar Galicia

Conquista imposible de Galicia
Conquista imposible de Galicia

 Las mil batallas que intentaron conquistar Galicia, pobres ilusos. Desde romanos a normandos, pasando por piratas, reyes despistados y algún ejército que llegó por error siguiendo un mapa mal dibujado, todos quisieron quedarse con esta tierra… y todos acabaron marchándose con la misma frase en la boca: “isto non hai quen o leve”.

Porque claro, tú imagínate llegar aquí con intención de invadir y encontrarte a un pueblo que, antes de pelear, te sienta a la mesa y te planta delante un cocido que pesa como un meteorito. ¿Cómo vas a luchar después de eso? Imposible. El enemigo venía con espadas, pero los gallegos contraatacaban con potas gigantes, pan de kilo y postres que te dejaban sin movilidad. Era una estrategia militar basada en la digestión.

Y si no te tumbaba la comida, te tumbaba la fiesta. Porque en Galicia, mientras los invasores preparaban estrategias, los gallegos montaban una verbena. Tú imagínate a los normandos intentando organizar un asalto mientras al lado suena una orquesta, hay pulpo para cien personas y alguien grita “¡que veña outra ronda!”. El enemigo veía las luces, las gaitas, las raciones infinitas y decía: “mira, igual volvemos mañana”. Pero mañana había otra fiesta. Y pasado, otra. Y al final, los conquistadores se rendían no por las armas, sino por agotamiento gastronómico-festivo.

Y eso sin contar el departamento de defensa mágico. Si los invasores se ponían tontos, aparecían las meigas con sus advertencias, los mouros moviendo piedras, las luces raras en los montes, los ríos que cambiaban de humor y los caballos vigilando los prados como si fueran guardias civiles del más allá. Las gallinas cruzaban la carretera con autoridad, las vacas miraban a los soldados como si fueran turistas perdidos y los perros que saben demasiado se sentaban a observar la escena con cara de “non vai acabar ben”.

Además, el clima también participaba. Los temporales épicos se activaban solos, como si Galicia dijera: “xa me encargo eu”. Lluvia horizontal, viento que te recoloca la postura, niebla que te desorienta hasta el alma… ¿qué ejército aguanta eso? Ninguno. Los invasores venían con planes, pero Galicia venía con meteorología.

Y así, batalla tras batalla, invasión tras invasión, todos se fueron dando cuenta de lo mismo: conquistar Galicia es imposible. No porque falten armas, sino porque sobran razones para rendirse. Porque Galicia ya está conquistada por su propia gente, su comida, su clima, sus criaturas, su magia y su retranca.

Una tierra que no se defiende: se hace indomable.

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